Una vez me aconsejaron que haga lo que sienta, que eso debería dejarme tranquila. Oh, cuanta falsa sabiduría.
En menor y mayor medida, he creado mundos por todas partes y no bastó mi fuerza para mantenerlos.
Por una cosa o la otra, se derrumbaron sin previa advertencia. De una mañana a la tarde, el césped crecía diferente y los arboles no tenían sus colores vivaces pero yo hice lo que sentía. Y ¿Que era exactamente lo que transmutaba en mi interior? ¡Que lo anuncie los pájaros con su canto renovador! pues yo no diré más que un suspiro y adiós.

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