jueves, 31 de octubre de 2013

Historia de mentira y verdad.

El viento me llamó, incitó a acurrucarme en las raíces de un árbol mientras el mundo giraba y la lluvia danzaba entre mi cuerpo y la tierra. Debo reconocer que las tardes nubladas no me favorecen pues tengo un brillo especial en algunos sectores de mi cabello y hasta mis ojos son un tanto llamativos cuando los destellos se encuentran en ellos.
Los minutos se cargaban de pensamientos aislados, cualquier movimiento cercano llamaba mi atención. Suelo emocionarme con los detalles apenas perceptibles. Tal como el pájaro que parado en su nido canta una canción, y yo, con los oídos afinados le presto toda mi atención. Sensibilidad en su máximo esplendor.
Aunque los paisajes estén naturalmente diseñados para que yo suspire, tenia que abandonar el lugar. Había alguien esperándome no muy lejos de tal armonía pero si cerca de la ciudad, donde me transformo en una más y mis colores se camuflan entre tanta diversidad.
Esa persona vestida de obligaciones y compromiso, despertaba en mis manos un nerviosismo desconocido. No lo conocía como me gustaría hacerlo pero podía descifrar unas cuantas cosas en sus ojos.
Nuestra relación era simple y cabe aclarar que no tenia ningún interés amoroso en él: compañeros de estudio que vivían a un par de minutos de distancia. Esa tarde, necesitaba la copia del ultimo trabajo que hicimos juntos y fue el motivo de encontrarnos entre la muchedumbre que pisaba mis zapatos finamente lustrados.
Me reconoció rápidamente, nunca supe como adquirió esa habilidad ¡Aunque no me quejo! ya que,contrariamente, soy bastante despistada.
Nos saludamos con normalidad, como cualquier otro día, tramitamos lo que teníamos pendiente y de repente sentí su mirada como ancla, pesado y posado en mi. Me asusté un poco porque nuestro indiferente compañerismo siempre se hizo notar a excepción de esa tarde, en ese lugar. Por fortuna, soy bastante rápida para desviar miradas y situaciones incomodas así que pude dar por terminada la transacción y me aleje de tal intimidad con pasos grandes y apresurados.
En el camino de regreso dibujaba una red conceptual en mi cabeza que intentase resolver los enigmas despertados por una sencilla mirada. Concluí en ignorar tal suceso y no darle relevancia de más.

Llegando a la comodidad de mi casa, entre las hojas que debía estudiar encontré el desconcierto en forma de papel..

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