Otra tarde en la que nos encontramos sin siquiera mirarnos. Los colores que armonizan, el aroma de la brisa y aquel monologo que mi memoria prioriza.
_Se que estas ahí porque suena una canción, puedo notar que no me vas a saludar esta vez pero tus deseos de hacerlo son fuertes hasta que la debilidad te gana. Cuantas dudas se anclan en mi pupila mientras no te veo con certeza, una y cientas esta noche, mil quinientas en primavera_
Las promesas como lluvia,
en mi ropa, en la tierra.
No importa que se arruine todo,
es mi palacio de lodo.
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